La nueva derecha en Puerto Rico

Columna de opinión por Luis B. Méndez del Nido

En mayo de 2021, el conferencista argentino Agustín Laje visitó Puerto Rico. Lo hizo con el propósito de presentar algunos de los temas que explora en uno de sus libros más recientes, El libro negro de la nueva izquierda. Vale la pena ignorar lo blando y sensacionalista del título, así como el tal vez subconsciente guiño al Manual del perfecto idiota latinoamericano, de Álvaro Vargas Llosa, y proseguir con esta columna, cuyo título también deja mucho que desear, pero que al menos no tiene la función de resumir, con una frase pegajosa, la totalidad de una obra, y simplemente busca servir como pie forzado a los siete escasos párrafos que siguen. 

El caso es que el conferencista argentino Agustín Laje, dos meses antes de visitar Puerto Rico, en marzo de 2021, visitó la República Dominicana, con un propósito parecido.  En enero de 2021, visitó Perú, por lo mismo. Y así—a lo largo de 2019, 2020 y 2021—fue de país en país de la región, hasta asegurarse de no haber ignorado destino alguno en su gran gira latinoamericana.

En El libro negro de la nueva izquierda, Agustín Laje escribe sobre lo que llama “ideología de género”, el feminismo de “tercera ola” (aunque no define con precisión cuál fue la segunda) y, por supuesto, la inefable amenaza de una nueva izquierda. Asegura que, con la interseccionalidad de sus reclamos, los que luchan por más derechos para las minorías y los marginados lo hacen desde el más decadente marxismo. Con una suerte de carisma sombrío que debe reconocérsele, así como con buena dicción, su modus operandi en los países que visita con el fin de presentar El libro negro de la nueva izquierda es sencillo. Al llegar, asiste a conferencias, entrevistas de radio y programas de televisión. Si su estadía se lo permite, también se reúne con quienes considera líderes de partidos, movimientos y sectores de la derecha conservadora en el país que visita. Luego, lo documenta todo a la perfección en sus redes sociales, para que, además de darse un chin de publicidad, quede constancia de su ajetreada agenda.

En esto último radica lo particular y lo interesante de la figura de Agustín Laje. Lo particular y lo interesante de Agustín Laje no es que sea un intelectual conservador, por llamarle de alguna manera.  Intelectuales conservadores hay muchos.  Lo particular y lo interesante de la figura de Agustín Laje es su afán de presentarse en todas partes. De repetir, hasta la saciedad, el mismo discurso.  De hablar, hasta quedarse sin saliva, de la “ideología de género”, el feminismo de “tercera ola” y la inefable amenaza de una nueva izquierda. De asegurarse que, en los países que visita, queden terminantemente claros—y adoptados—los temas que explora en El libro negro de la nueva izquierda.

Aunque tal vez lo parezca, el modus operandi de Agustín Laje no es el enfoque de esta columna. Sin embargo, dicho modus operandi sí pone en contexto el fenómeno del cual Agustín Laje es parte. Agustín Laje es, tal vez, el más exitoso de una serie de conferencistas y escritores de una derecha en extremo conservadora que salta, de país en país, buscando nuevos adeptos y fanáticos. Buscan atrofiar, y apropiarse de, la discusión pública de los países que visitan. Así, articulan su inane visión de mundo, en la que solo caben algunos pocos y todos los demás quedan fuera. Todo esto lo hacen, aseguran, con el fin de combatir la inefable amenaza de una nueva izquierda, pero, en realidad, lo que buscan es celebrar los ritos de iniciación de una nueva derecha. Viajan con el propósito de homologar los reclamos variados y distendidos de las derechas que han existido siempre en América Latina, con el fin de generar cohesión alrededor de los tres temas que explora El libro negro de la nueva izquierda.

Así, Agustín Laje y sus pares se definen por yuxtaposición. Van de país en país, inventando enemigos. Son reaccionarios en el sentido más literal de la palabra, porque su discurso no tiene sentido si antes no crea una ideología a la que oponerse. Solo es efectivo, si antes logra que sus seguidores teman y aborrezcan algo, y ese algo lo tienen muy claro: el feminismo, la igualdad de género y la justicia social. En Puerto Rico, han sido exitosos.  Es decir, Puerto Rico ha importado temas de discusión que no surgieron autóctonamente aquí y fueron traídos por conferencistas como Agustín Laje. De no haberse insertado dichos temas en la discusión pública, tal vez hubiese sido mucho más sencillo generar apoyo para agendas de política pública inclusivas y progresistas.

Sin embargo, ciertos sectores en Puerto Rico, encabezados políticamente por el Proyecto Dignidad, han adoptado con facilidad el discurso y la cosmología de esa nueva derecha regional, y se han insertado en su narrativa.  Conferencistas y modelos extranjeros—como lo es Vox, en España, por ejemplo—le han proporcionado a la derecha conservadora puertorriqueña una rúbrica a seguir.  Si antes operaban en el vacío, ahora tienen acceso a los temas y puntos de interés de sus pares reaccionarios en el hemisferio. Eso, sin duda, les fortalece.  

Lo que es importante recalcar, y lo que sí es el enfoque de esta columna, es que los temas y los puntos de interés en los cuales partidos como Proyecto Dignidad han basado sus plataformas—la “ideología de género”, el feminismo de “tercera ola” y la inefable amenaza de una nueva izquierda—no son problemas reales o concretos que existan formalmente en la sociedad puertorriqueña. Son “talking points” que han copiado de conferencistas como Agustín Laje. Es decir, una educación con perspectiva de género, contrario a lo que puedan sugerir conferencistas como Agustín Laje o el liderato de Proyecto Dignidad, no causaría laceraciones reales a la vida familiar. Una educación incompleta, que necesariamente margina con su currículo, como la que se tiene ahora, sí. Tampoco causarían problemas reales mayores victorias feministas, pertenezcan a la ola que pertenezcan. Lo mismo, claro está, no puede decirse de la violencia de género. Mucho menos constituiría un daño real mayor justicia social en una isla tan pobre.  

Por lo tanto, vale la pena recordar que cuando sectores conservadores se montan en tribuna y condenan la “ideología de género”, el feminismo de “tercera ola” y la inefable amenaza de una nueva izquierda, no responden a la realidad puertorriqueña. Repiten ficciones ajenas e importadas. Mascullan “talking points”.  Hacen todo lo posible por inventarse, inventando enemigos.

 

Luis B. Méndez del Nido
Escritor, Poeta y Abogado. Es autor de los poemarios “20 mentiras y un prólogo sin prisa” (2012), “Paulina” (2018) y “Los paraísos disponibles” (2021). En 2021 recibió el Segundo Premio en el Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez. Estudió derecho en Boston University luego de obtener un grado en Política Internacional e Historia de América Latina de Georgetown University, Washington, D.C.

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